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Muchas historias en un post


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Hola!!! hoy les vengo a traer varias historias juntas en un solo post.... disfrútenlo y comenten aea

Se dice que esta historia es una de las más terroríficas que han ocurrido en Cuenca, ciudad española repleta de leyendas y misterios. Vivía aquí un muchacho joven y muy bello, que aprovechándose de su apariencia, jugaba a conquistar a todas las chicas que se le ponían enfrente. Sin ninguna vergüenza las cortejaba como todo un caballero, tomaba lo que quería de ellas y luego las abandonaba, dejando tras de sí una estela de promesas rotas.

Pero llegó el día en que se enamoró de verdad de una hermosa señorita. La más bonita que existía en todos los alrededores. Se llamaba Diana y desde el primer momento se robó el corazón del mozo.

Sin embargo la joven no era tonta y conocía bien la reputación del muchacho. Todos los días le devolvía la mirada a la distancia, pero cuando él se acercaba y le hablaba de estar juntos, le daba largas y evadía el tema. Esto, lejos de desairar a su pretendiente, despertó en él una obsesión ardiente por poseerla.

Ninguna mujer se le había resistido antes, y no estaba dispuesto a perder a Diana por nada del mundo. Así que cambió drásticamente.

Dejó de ir tras cuanta jovencita se le pusiera enfrente y a rechazar todas las invitaciones de sus amigos para irse de parranda. Día con día enviaba flores, cartas de amor y cuanto detalle se le ocurriera para llamar la atención de su amada.

Su único pensamiento era llorar que Diana le correspondiera.

Finalmente, el pobre recibió un mensaje que iba firmado por la hermosa muchacha. Con tan solo leer su contenido sintió que se aceleraba su corazón:

«Hoy que es Noche de los Difuntos, te voy a estar esperando en la Plaza de las Angustias. Quiero ser tuya. Diana».

Lleno de gozo, el joven se marchó a casa y se dispuso a prepararse para la cita, perfumándose con esmero. Afuera, el cielo se llenaba de negros nubarrones, como el presagio de que esa noche algo terrible estaba por ocurrir.

La tormenta se desató sin piedad, pero esto no desanimó al muchacho para ir a encontrar a Diana.

Cruzó las escasas calles que se interponían entre él y la Plaza de las Angustias, y la vio allí, de pie, luciendo más espléndida que nunca. Una ola de pasión lo consumió.

Apenas la tuvo enfrente, la atosigó a besos, abrazándola con fuerza y ansioso por hacerla suya. Diana le correspondía con el mismo fervor, impulsándolo a ir por más. Una de sus manos fue a levantar la falda de su vestido, quedando paralizado al ver que debajo de él asomaba una grotesca pezuña.

En ese instante un relámpago iluminó el cielo, revelando el rostro de su acompañante. Diana se había convertido en un monstruoso ser, con la cabeza de un macho cabrío y unos que resplandecían de manera infernal.

Aterrorizado, el joven intentó alejarse y el diablo se arrojó sobre él, hiriéndolo con una mano de garras afiladas.

El pobre se echó a correr en tanto el maligno reía, mirando como se aferraba a la cruz que habían colocado a la puerta de las Angustias, como si eso pudiera protegerlo de su alcance.

El diablo volvió a levantar su zarpa para herirlo y fue ahí cuando entró en el santuario, de donde se dice que no volvió a salir.

Nadie volvió a verlo en Cuenca, ni supo que fue de él, pero la cruz permanece en su sitio hasta hoy. Se dice que si miras con atención, podrás contemplar la marca de las zarpas del demonio, que aquella noche se transformó en una inocente señorita para darle una lección al bribón.

         historia N°2

Habiéndose limado asperezas del pasado a mis quince años por fin tendría oportunidad de conocer a mis abuelos. Ellos vivían en Rusia y mi familia en otro país, pero eso no me restaba emoción de verlos. Cuando llegamos ahí no sabía por dónde comenzar, si abrazarlos o saludarlos, mientras mi hermana estaba antipática portándose como cualquier día normal. En el momento de verlos no pude resistir, simplemente salté sobre ellos para abrazarlos y me correspondieron apretándome fuerte. El hecho suavizaba un poco la tensión que había entre todos y la tarde se hizo más ligera.

Me acomodaron en el mismo cuarto que mi hermana quien en un instante convirtió toda la habitación en un chiquero, así que para evitar peleas solo salí de la habitación, vi a mi abuela dejar un plato de galletas junto con un vaso de leche bajo la escalera. No quise espiar así que regresé en silencio a recostarme, el cuarto entonces estaba impecable, mejor que cuando llegamos, la ropa que mi hermana había regado estaba perfectamente doblada en su maleta. Ella estaba en el baño, pero cuando salió se fue en mi contra pensando que yo lo había ordenado todo. Fui a dormir a la sala para evitar sus reclamos, concilie en sueño en un instante, por lo regular en mi casa horrendas pesadillas no me dejaban pegar los ojos, pero esa noche, dormía como un bebé.

 

Mi placentero sueño fue interrumpido por un ruido en la puerta trasera, sonaba como si alguien intentara forzar la puerta, al acercarme solo pude ver a alguien corriendo de prisa hasta perderse en los arboles, detrás de mi alguien me miraba, podía sentirlo, unos pasos apenas perceptibles llamaron mi atención hasta un punto fijo cercano a la chimenea, y ¡Fue entonces que lo vi!, un anciano muy pequeño, todo cubierto de pelo, los tenía hasta en las manos y pies los cuales pude observar bien porque estaba junto al fuego, lo iluminaba por completo, solo en la parte de los ojos y de la nariz tenia al descubierto. Escondía una cola entre sus pies, pero lo que no pudo disimular fueron un par de pequeños cuernos.

Nunca había podido presumir de valiente así que esa no fue la excepción, subí corriendo y haciendo tal escándalo que todos en la casa despertaron y me pusieron en el banquillo de los acusados, por supuesto no podía mencionar que había visto una criatura peluda en la chimenea, así que hablé de lo más sencillo, que alguien había querido entrar por la puerta trasera. El abuelo simplemente sonrió diciendo: – En esta casa hay un guardián, que hace muy buen trabajo, así que no te preocupes hijo, el «Abuelo» no permitirá que nadie dañe este hogar -.

Esas palabras lejos de calmarme me llenaron mas de nervios, en mi habitación tratara de decidir que era mejor, si estar fuera de las cobijas esperando cualquier movimiento o simplemente esconderme bajo ellas tratando de no enterarme de nada. Ninguna opción funcionó, en un momento de angustia el rechinido de la ventana hizo que mi corazón galopara, y por un momento se detuvo al ver que debajo de ella una mano peluda se alzaba lentamente, parecía tener vida propia y moverse como serpiente, tratando de no ser vista, mientras cerraba la ventana, yo mordía las cobijas para no gritar, pues ya había visto con detalle a quien pertenecía aquella extremidad, y no quería que se diera cuenta que lo observaba.

Caminaba por la habitación escondiéndose entre las sombras, hasta que se puso a los pies de la cama de mi hermana, en ese momento su imagen cambió de repente, ¡Era igual a mi abuela!, semejando hasta sus ropas, en un salto repentino, abrazaba a mi hermana, apretándola fuerte, mi cobardía solo sirvió para desmayarme, aunque recuerdo haberla oído gritar a lo lejos más de una vez.

Cuando recobré la conciencia mi cabello estaba trenzado, y la abuela consolaba a mi hermana, entre sus palabras nos contaba, que el todo aquello había sido obra del Domovoi, un duendecillo ruso casero, que hace trenzas a quien le agrada y asusta al que no, mi hermana lo había molestado por ser tan desorganizada, ya que a él le gusta la limpieza, pero que el realidad era un ser bueno que vigilaba la casa y protegía a la familia, a él se referían cuando decían «El Abuelo» y eran suyas las galletas de la escalera. Entre otras cosas mi abuela nos reveló que al escuchar el llanto de un bebé, en las casas donde no los hay, se trata del bebé de Domovoi. Si cubres son un pañuelo el sitio de donde sale la voz, la madre del niño te dará respuesta a cualquier pregunta, con tal de que liberes a su hijo. Aunque no se pueda ver, su presencia se sabe y lo mejor es llevar la fiesta en paz, si está enfadado, hay que invitarlo a comer con la familia, colocando un lino blanco y limpio en la habitación, ofreciéndole un pan salado envuelto en una tela blanca. También le gusta que colguemos botas viejas en el patio para honrarlo. Con su risa te augura buena ventura, con su mal carácter anuncia las desdichas. Nunca va mas allá de los límites del hogar, así que para llevarlo contigo debes tomar un pequeño huevo de gallina, colocarlo debajo de un ratón, y llevarlo durante 9 días. El décimo el Domovoi se presentara en tu casa, una vez ahí tienes que dejar una bota vieja para que se esconda mientras encuentra su lugar, y colocar un mendrugo de pan bajo la cocina.

Cuento largo de Domovoi el guardián

Mi abuela dijo que el Domovoi debía acompañarme para librarme de aquellas horrendas pesadillas que me aquejaban, e hicimos el ritual antes de marcharme, al volver a casa, puse la bota vieja, cubrí los espejos y quité mi cama de la puerta porque eso no le agrada, y de inmediato se notó su presencia, la casa estaba muy limpia y se le escuchaba caminar por ahí, acompañando esos pasos había carreras, era como si continuamente persiguiera algo, se escuchaban azotes en las paredes, chillidos, y gruñidos. En la tercera noche, cuando me desperté vi al Domovoi correr de un lado al otro de la cocina, azotando las puertas, y trayendo consigo a un diablillo rojo, con enormes cuernos, estaba completamente atado, y así pasó la noche, cazando una serie de sombras grises, luego los quemó a todos juntos en el asador y jamás volví a tener pesadillas. Mi abuela dice que hace mucho tiempo el Domovoi era el Dios del fuego, y combatía cuerpo a cuerpo con el Demonio mismo.

Historia N°3

Rodrigo era un verdadero patán con su madre, habiendo aprendido esa actitud de su padre, tenía todas las tablas, una de las tantas noches que se le ocurrió llegar borracho a casa, fue a curar la embriaguez con su pobre madre, una señora ya muy acabada, no por la edad, si no por los malos tratos de la vida y el trabajo duro. El muy desconsiderado llegó borracho, gritando, pateando y maldiciendo, le echaba en cara a la pobre vieja lo mucho que había tardado en morir. Los vecinos escucharon un poco de la discusión y a sabiendas de lo indefensa que estaba la mujer, ellos mismos se encargaron de echarle al mal hijo fuera de la casa.

Al siguiente día, las metiches y chismosas del barrio, hicieron su reunión obligada en la esquina de la calle, para contarse a unas a otras mil versiones diferentes de la misma historia, pero solo una de ellas, crispo los pelos de los demás. La más persignada santurrona del grupo, dijo que había escuchado transitar por las empedradas y angostas calles a la mismísima carreta de la muerte. Aquella a la que no le rechinan las ruedas, si no que se oye en cada vuelta el lamento de un alma torturada.

Estaban todas muy consternadas, cuando Rodrigo aun hundido en su borrachera, apareció para seguir el escándalo, pateaba la puerta de la casa reclamando a su madre haberlo ido a buscar hasta la casa de su compadre donde se había quedado. Pero eso no era del todo cierto, ya que después de la escena del día anterior, la vieja había quedado en cama, y era hora que no se levantaba.

Fue entonces que el grupo de las chismosas le advirtió el peligro que rondaba por las calles, pues cuando la carroza de la muerte anda cerca, no se debe salir a la calle, y él tan acostumbrado a la vagancia, fácilmente podría ser confundido con la persona que la muerte andaba buscando y ganarse un corte de su guadaña. Pero así como era el chico de briago, también lo era de incrédulo e irreverente, y solo se rio de las viejas gallinas y sus supersticiones.

Por la noche cuando todos se había atrincherado ya en sus casas, por si o por no, uno nunca sabe, lo único que se escuchaba por las calles, era la fiesta del borrachín Rodrigo, cantaba muy alegre, bien fuerte para que todos lo escucharan, pero de pronto un horrible grito horrible rompió el silencio de la noche nerviosa, un viento fuerte sopló y abrió de una todas las puertas y ventas de las casas en esa calle.

Rodrigo corría con la quijada desencajada y entonando aun aquel lastimero grito. Quienes pudieron verlo de cerca, dijeron que llevaba una mueca de terror en los ojos, pero no quisieron averiguar más ya que a muy corta distancia se oían los conocidos quejidos de la carreta de la muerte, hasta podía sentirse el calor del fuego que los caballos llevaban en sus fauces.

cuento de terror - La carroza de la muerte

Dicen que encontraron a Rodrigo en el portal de la casa de su madre, había rascado la puerta queriendo entrar, pero la pobre vieja estaba en cama por su causa, si él no hubiese sido tan grosero, ella seguramente lo hubiera salvado aquella noche.

HISTORIA N°4

 

Se mudaba la familia con mucha ilusión a una derruida casa, la cual a pesar de su mal estado, significaba mucho para ellos, ya que esto les abría las puertas a una nueva vida. En su primera noche, por fuerza de la costumbre, se acomodaron los seis hijos en el mismo cuarto; aquel con un gran árbol junto a la ventana. Aunque la emoción de su nuevo hogar era mucha, mayor era el cansancio y cayeron todos dormidos.

Cercana la media noche, un ruido constante y rítmico, despertó al padre; él fue directo a la habitación de los chicos con intención de reprenderlos por seguir despiertos, sin embargo, no fue capaz si quiera de llegar a la puerta. A la mitad del pasillo, la luz de la Luna fue suficiente para revelarle la figura de una persona colgada en el centro del cuarto, meciéndose aún, y chocando sus flácidos pies contra la pared.

Pensando en no alarmar a su familia, quiso tragarse las emociones, pero la idea de que el colgado fuera alguno de sus hijos, le sacudió el cuerpo, sin ser capaz de contener los gritos. Los chicos saltaron alarmados ante aquellos alaridos y uno de ellos encendió las luces mientras los demás se abrazaban temerosos.

Ya con la habitación iluminada, la temible silueta pendiendo de una soga había desaparecido, y el señor se fue calmando de a poco. Igual esa noche, les prohibió quedarse ahí, los llevó consigo al cuarto contiguo, donde pasó toda la noche en vela, nervioso, comiéndose las uñas y desesperado porque amaneciera.

Pero quería el destino que la noche se tornara eterna, y el pobre hombre angustiado escuchara retumbar en sus oídos, aquellos pies golpeando el muro. Cuando reunió valor para presenciar la escena de nuevo, fue a investigar, pero en esta ocasión, el escandalo lo provocaba un joven debilucho y malhumorado, abriéndole la cabeza a una chica con un bate.

Esta vez, el señor tenía la calma suficiente para encender la luz, logrando que aquellas visiones se fueran; entendiendo también, que esto era una solución temporal. La cual al paso de los minutos resultó mala idea, pues los espectros se trasladaron hasta la habitación que ahora ocupaban. Una anciana cargando un hacha, y arrastrando un bulto sanguinolento, atravesó el portal, y bañó de sangre los cuerpos de los niños que dormían en el suelo. Horrorizado, el hombre encendió la luz, el espíritu desapareció junto con su víctima y llevándose sus rastros. En un arranque de aparente locura, el individuo fue iluminando cada rincón, ante las miradas confundidas de sus familiares.

Noche tras noche sucedió lo mismo. Las macabras escenas de muerte se presentaban cerca de las doce, a veces el hombre alcanzaba a iluminar toda la casa a escondidas de su durmiente familia, pero en otras se veía envuelto en esa terrible historia de terror la cual no comprendía, pues según le dijeron en esa casa habitó una dulce anciana acompañada de un enfermizo y agradable nieto. Pero, solo se conoce de verdad a las personas cuándo se vive con ellas, sin importar que ya pertenezcan al mundo de los muertos.

Historias de terror Huéspedes malditos

Eso solo lo dejaban con opciones: llevarse a su familia de ahí o aprender a convivir con sus huéspedes malditos.

Historia N°5

Pon mucha atención, pues si sigues correctamente los pasos de este juego, podrías viajar a mundo alterno por medio del ascensor. Los que dicen haber jugado y tenido éxito, dicen que la puerta del elevador se abrió a pasillos interminables, con extrañas luces que brillaban en la distancia, o bien, que aparecieron en una versión paralela del mismo edificio, aunque todo estaba oscuro y había macabros sonidos que parecían acercarse desde la distancia.

Incluso hubo alguien que dijo que su teléfono y su cámara de vídeo no funcionaban en dicho lugar. Y todos, sin excepción, aconsejaron no explorar esas realidades alternas.

Lo primero que necesitas es encontrarte en un edificio con 10 pisos o más. Entra en el elevador desde el piso 1° y presiona el botón del piso 4°. Cuando el ascensor llegué a este último, regresa presionando el botón del piso 2°.

Una vez que estés en el 2° piso, presiona el botón del piso 6° y al llegar allí, baja de vuelta al piso 2°. Cuando regreses a este, oprime el botón del piso 10°. Y cuando estés en el piso 10°, baja hasta el piso 5°. Ten cuidado, porque existe la posibilidad de que en ese instante, una mujer alta y de apariencia extraña entre contigo. Acuérdate de ignorarla en todo momento.

Oprime el botón del 1° piso y espera. Si en lugar de bajar al piso 1°, el ascensor sube hasta el 10°, prepárate, porque significa que el juego ha funcionado.

Una vez que las puertas se abran en el 10° piso, te encontrarás en una dimensión alterna dentro del mismo edificio. Si la mujer extraña subió contigo, va a preguntarte hacia donde te diriges. No le respondas, por lo que más quieras. Ni siquiera la mires ni le hagas caso. Hay dimensiones que son muy oscuras pero inofensivas. Otras pueden ser prácticamente iguales a la tuya, pero con sutiles diferencias.

Algunas dimensiones son tan siniestras y peligrosas, que los jugadores anteriores aseguran que nada más mirarlas se siente como el miedo te pone en alerta, ante el peligro latente. En este punto, deberías volver a tu dimensión de inmediato. Pero si te atreves a explorar, es tu decisión.

Si quieres regresar debes seguir el mismo procedimiento que ya te expliqué, solo que en lugar de llevarte al 10° piso al final, el elevador te dejará en el 1° piso de nuevo. En caso de que no funcione, tienes que presionar el botón del 1° piso, una y otra vez, hasta que el ascensor se ponga en marcha para bajar. La mujer seguirá a tu lado, mirándote penetrantemente, pero no pierdas los nervios.

En cuanto el elevador regrese al 1° piso, debes salir rápidamente sin mirar atrás. No te olvides de que ella sigue vigilándote y es muy peligrosa. Sigue caminando sin voltear hasta que escuches como las puertas del elevador se cierran.

Este es el macabro juego del ascensor que puede llevarte a otros mundos, pero también mostrarte a los seres que acechan cuando no los podemos ver, ¿te atreves a jugarlo?

Historia N°6 (ultima xD)

Fue hace tan solo unas pocas semanas, que las pacas de heno empezaron a distanciarse lentamente de mi casa. Todas las mañanas al levantarme, comprobaba como cada una se había desplazado algunas decenas de metros de su lugar original. Supuse que se trataba de una broma de gente que no tenía nada mejor que hacer. De modo que lo dejé pasar.

Unos días después, las pacas estaban más cerca de los límites de la granja. Para entonces me había hartado del juego, y opté por llevarlas de vuelta a su sitio. Tardé una larga hora en colocarlas cerca de la casa y para cuando había acabado, me sentía capaz de romperle el pescuezo a cualquier chico tonto que tratase de fastidiarme.

A la mañana siguiente me encontré con una escena terrible: todos mis caballos habían sido decapitados. Me desperté por el olor de la sangre. Cada uno estaba inmóvil en un extremo de su caballeriza, sin rastro alguno de las cabezas. Tardé todo un día en limpiar aquel desastre y enterrar los cuerpos. No fue sino hasta que hube terminado, que me di cuenta de que todas las pacas de heno estaban de nuevo donde las habían arrastrado el día anterior; dispersas por todos los campos. Ahí las dejé esta vez.

Esa noche me quedé a vigilar en el porche, con la escopeta a la mano y con un termo lleno de café. Me quedé allí por horas, observando el campo para ver si descubría quién estaba moviendo mis pacas. Finalmente, el sueño comenzaba a ganarme. Y me habría quedado dormido, de no ser porque se escuchó un ruido seguido del crujir de los árboles en el bosque aledaño. Me puse de pie, mi corazón latía acelerado por la emoción; por fin iba capturar al hijo de perra. Apunté con el arma, esperando paciente a quien fuese que estuviera acercándose. Únicamente cuando la criatura se aproximó lo bastante para apreciar su silueta en medio de la oscuridad; me quedé paralizado, sin saber como actuar. La cosa que venía de los bosques y acechaba mis campos, que no sabía que estaba allí.

Le seguí a través del campo, igual que un ladrón sigiloso. Habría podido descubrir a aquella cosa como algo frágil, sino fuera porque todavía encorvada, debía tener por lo menos tres metros de altura. Sus brazos y piernas extremadamente delgados, y la apariencia esquelética y hundida de su abdomen, me hicieron pensar en un animal hambriento. Sin embargo y de modo insólito, esta criatura era muy fuerte; vi como alzaba una paca en cada brazo y la volvía a bajar metros más adelante, con sumo cuidado y cubriendo una distancia considerable en solo dos pasos. Movía las pacas con extrema precaución, y cada determinado período de minutos, alzaba la mirada para comprobar la posición de las demás.

Antes de marcharse miró a la casa. Sentí sus ojos en mí desde las sombras; aunque si realmente me notó o no; es algo que no puedo precisar. Se dio la vuelta en silencio para volver por donde había venido, desvaneciéndose en las entrañas del bosque. Tardé una hora en reunir valor para moverme de mi sitio. Entré en casa un rato después, pero no pude dormir esa noche. Y fue solo hasta que amaneció, que me atreví a salir al porche y fui hacia los campos.

Las pacas de heno seguían donde las había colocado, y algo curioso, no las alejó tanto como había hecho en días anteriores. Entre los campos formaban una figura invisible, y al observarlos me percaté de que dibujaban algo así como una línea. De hecho, caminando alrededor de la casa; me di cuenta de que lo que formaban era un círculo. Y yo estaba en el centro. Había pensado que las movieron al azar al principio, pero ahora, estaba claro que marcaban una especie de límite. La criatura quería darme un mensaje. No pude conciliar el sueño esa noche, y si conseguí hacerlo; fue únicamente porque me sentía agotado.

Por la mañana las pacas seguían en su lugar. De hecho no se movieron lo que restaba de la semana. Al fin estaban donde la criatura quería. Me volví loco intentando darles significado. ¿Por qué esa cosa se esforzaría tanto moviendo mis pacas y me amenazaría de forma tan violenta si trataba de intervenir? Eso era asesinar a mis caballos… una amenaza. Una muy inteligente, en realidad. Sabía que tendría miedo y que comprendería las implicaciones.

Una mañana sentí emoción al escuchar ruido de un auto que conducía por el camino hacia la granja. Planeaba marcharme de ahí desde que vi a la criatura, pero pensaba que podría ser arriesgado hacerlo a pie y que la criatura me decapitara como a los caballos. Si lograba subir al auto de quien fuera que viniera por el camino, tal vez podría lograrlo antes de que se diera cuenta. No sabía quien era, ni me importaba. En el instante en que se detuviera, correría al asiento del pasajero y les diría que nos largáramos de allí.

Pero no tuve oportunidad.

El coche avanzó lentamente por el sendero, agitándose ante la dificultad del terreno. Rogué en silencio que se diera prisa. Y al pasar entre dos pacas que custodiaban los dos lados del camino, escuché un agudo sonido saliendo del bosque. La criatura surgió entre los árboles, galopando sobre sus cuatro patas esqueléticas hacia el carro. Llegó a él en segundos y lo golpeó como haría un enorme felino. Lo alzó y lo destrozó el vehículo con suma facilidad y el conductor, quien fuera que haya sido, gritó. Podía escuchar su agonía a pesar del metal y los cristales destruyéndose. Solo paró cuando la cosa lo encerró en su zarpa y lo destrozó.

Lo arrojó lejos y se incorporó, permitiendo que la observara bien. A la luz del día, vi lo inhumano que había en su ser. Estaba formado por algo vivo y abominable, unido en una aberrante simulación de la figura humana. Cualquier cosa con la que le hubiesen hecho, estaba tan dura y pulida, que de no ser por el modo en que se movía, habría creído que se trataba de granito.

La criatura retrocedió hacia los árboles, dejándome anonadado. Mi mirada todavía estaba fija en el auto, su motor aun chisporroteaba en medio de las dos pacas del sendero. Entonces lo comprendí. El mensaje era obvio. Era prisionero de esta cosa y estaba prohibido tener visitas. Nada podía cruzar límites que se habían marcado. Estaba cautivo ahí, por la cosa que acechaba los campos y no exigía nada más que yo no pudiera salir nunca. A pesar de todo, no estoy seguro de poder soportar ser el canarop de esa criatura. No he dejado de pensarlo estos días, desde que lo vi destrozar el cuerpo de ese hombre. Si fuera más allá de las pacas, tal vez correría la misma suerte. Aplastaría mi cabeza antes de que siquiera pudiera protegerme a mí mismo. Después iría en busca de una nueva mascota, probablemente una que tuviera el valor de saber lo que estaba afuera; vigilándolo día y noche con esos sus brillantes ojos de insecto.

Es algo en lo que he reflexionado bastante durante los últimos días. Tal vez trate de escapar.

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Una vez hecho esto espero que les haya gustado... (no dormí anoche escribiendo)

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